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Veracidad, Ética y Valor Periodístico
 

Economía de mortalidad institucional

 

Democracia y Economia
Por: Rafael Escalante López

 
     
 

"No matéis a vuestros hijos por temor a la pobreza,
os daremos alimentos para vosotros y para ellos.” El Corán

La guerra es el más espectacular de los fenómenos sociales. La mortalidad institucional es un exterminio provocado por el Estado y el homicidio intencional se convierte en una “virtud” institucional. La historia de la humanidad registra muchos casos, por ejemplo: la guerra en Bosnia-Herzegovina, el Holocausto Judío, y el genocidio español en contra de los mexicanos con la invasión y ocupación de México a partir del siglo XVI. La sangrienta guerra contra el narcotráfico o lucha armada contra la delincuencia organizada en México, iniciada en 2006, es un conflicto armado interno que comenzó y enfrenta el Estado mexicano contra las bandas que controlan diversas actividades ilegales, primariamente el tráfico prohibido de drogas. La más elevada forma de autoridad es el derecho a dar la muerte. El razonamiento oficial necrolátrico o de adoración tributaria de la muerte, ha modificado diabólicamente la actitud del Estado ante la sociedad mexicana. Los combatientes y muertos son principalmente jóvenes. Por regla general: cuando se producen crisis —hambres, epidemias, cataclismos, etc.— los jóvenes son los que más sufren. Para enfrentar el narco, el gobierno mexicano ha privilegiado el uso de las fuerzas armadas. Desde el inicio del conflicto, se ha movilizado a la Policía Federal en compañía de los cuerpos de seguridad de cada entidad federativa y de diversos municipios, y a ella se ha sumado el Ejército y la Marina. Un craso error estratégico, porque quien debería dirigir la guerra es el ejército y no los polizones. Lo que se ha forjado son “héroes de guerra” que tienen el alma ambivalente de una víctima y un asesino, son mártires que matan justificando el crimen con el “sacrificio”. Además, antes de iniciar las hostilidades, era menester un mínimo de aprovisionamiento, para poder permitir a las fuerzas atacantes, reunirse, ejercitarse y también alimentarse. Es imposible hacer una guerra sin un capital inicial de mano de obra, aprovisionamiento y utillaje. Toda guerra es una empresa económica. La guerra está sometida al fenómeno general de prolongación de los procesos de preparación y de producción.

La guerra que vive México se ha extendido a la mitad de los municipios del país y los “daños colaterales” de las batallas son inimaginables. Los comandantes de los narcos han demostrado gran capacidad combativa, mientras la abrumadora fuerza de combate institucional ha tenido pírricas victorias. Sumadas las bajas de ambos bandos llegan y rebasan ya a los 70 mil muertos. Es un homicidio colectivo organizado de jóvenes mexicanos ya que no hay guerra sin homicidios. Las tropas de asalto, los granaderos, los comandos, los paracaidistas, las fuerzas especiales, los regimientos, los sicarios, las cargas delincuenciales, las narcocolumnas, las unidades criminales, los informantes, los escuadrones mafiosos, los pandilleros, el personal encubierto, los escoltas, se componen de soldados jóvenes. En el orden de batalla van a la muerte los más jóvenes por delante. La estructura demográfica se está modificando. Lo más grave es que en diversas partes del país se ha observado un incremento en los indicadores de incidencia del delito, incluso con más asesinatos que en la actual guerra de ocupación estadounidense de Afganistán. El conflicto armado ha inducido grandes desplazamientos y migración de población. Las pérdidas de la guerra antinarco, son el equivalente a una emigración al más allá. Los conflictos armados tienen, en última instancia, por origen intereses y antagonismos económicos. La pregunta obligada es: ¿A quién beneficia económicamente la actual guerra en México contra el narco? Es obvio que el conflicto ha sumado contratando en ambas filas a jóvenes mexicanos para combatir y como personal de apoyo: combatientes, técnicos, obreros de los arsenales y de las fortificaciones, soldados y marinos, personal de servicios especiales, alumnos de las escuelas navales y militares. Más allá del exterminio demográfico, está el gasto y el consumo acelerado. Por lo demás es enorme la renta nacional que se dedica a esta cruenta guerra: el presupuesto del gobierno para la seguridad pública en 2012 es de 125 mil millones de pesos. En la Segunda Guerra mundial los gringos apoyaban la producción de opio en Sinaloa, porque usaban el narcótico para los heridos en combate. Las ganancias eran extraordinarias. Según la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito, actualmente el narcotráfico por si solo genera ganancias por más de 320 mil millones de dólares, más del 120 % del presupuesto público anual de México (277 mil millones de dólares) y más del 20 % del PIB nacional (1.3 billones de dólares). La guerra actual está estrechamente vinculada al contrabando y mercado negro de armas de fuego a través de las fronteras de Estados Unidos o Guatemala, o


por mar, o robando algunas del ejército gringo. Las armas de fuego traficadas más comunes son los rifles del tipo AR-15 y AK-47, pistolas semiautomáticas calibre FN 5.7 y una variedad de fusiles calibre 50 y ametralladoras. Cabe mencionar que aunque los mexicanos tienen el derecho constitucional a poseer armas de fuego, sólo las pueden comprar en la única tienda legal de armas de la Secretaría de la defensa Nacional en la Ciudad de México, controlada por el Ejército. El negocio de la muerte genera 20 mil millones de dólares con el comercio de armas a México, más las que compran oficialmente la Sedena, la Marina y la Policía Federal y, adicionalmente, el equipo militar, terrestre, aéreo, refacciones y las contrataciones de obra pública y servicios de mantenimiento relacionados con ese equipo. Otro rubro ilegal vinculado al crimen organizado y, por ende, a la guerra narco, es el tráfico ilegal de gentes y la trata de personas. Es de todos conocido que los inmigrantes que intentan llegar a Estados Unidos a través de México son víctimas de secuestros, asaltos, extorsiones, asesinatos, extracción de órganos, trabajos forzados, esclavitud y prostitución. La ONU informó recientemente que el tráfico de inmigrantes genera unos 6 mil millones de dólares anuales en México, mientras que el negocio de la trata mueve más de 32,000 millones de dólares por año en el mundo. Aunque la guerra es la suprema expresión concentrada de la política, en última instancia el principal móvil de los conflictos armados son de orden económico y todas las guerras tienen necesariamente efectos económicos. La economía es política concentrada, la política es economía hablada y la guerra es política condensadísima. A pesar de la destrucción de activos y el aniquilamiento improductivo de valores, en México se estima que el crimen organizado genera, directa e indirectamente, el 40 % del PIB. Aún así es necesario salir del círculo perverso de violencia que engendra más violencia. En el caso de la guerra contra el narcotráfico en México, las acciones policiacomilitares se han justificado por la inseguridad pública. El peligro radica en que el impulso bélico —multihomicidios, genocidios y el terrible fantasma de la intervención extranjera— pueda encontrar su fundamento en el sentimiento de inseguridad generalizado, que pueda llevar a los mexicanos a preferir la catástrofe antes que vivir en una aprensión constante. Para el hombre de gobierno la guerra es la solución de facilidad. Cuando la situación interior se embrolla y se envenena, es eficaz esclarecerla declarando una guerra.

 

 

 

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