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Veracidad, Ética y Valor Periodístico
 
Editorial
 
 

En estas fechas, la problemática social se ha hecho más encarnizada en los tabasqueños, al reflejarse el avance del desempleo, la corrupción, el desfalco, el saqueo y la delincuencia que día a día nos taladra la cohesión social y mata el paisanaje de una manera tácita y fulminante.<

Hoy nosotros, los verdaderos tabasqueños, empezamos a echarnos culpas ante la posibilidad de que se nos vuelva a seguir ofreciéndonos más de lo mismo, de todo esto que tanto nos aqueja, si no tenemos la pericia y la voluntad para conocer de fondo qué es lo que nó se ha hecho, que ha originado esta degradación social y moral de nuestra sociedad.

Nos aprestamos a una contienda electoral, y ya con lo bien politizados que estamos, echamos porras y tratamos de escudar intereses, sin ver que la realidad que permea afuera, nos ofrece ser cómplices de más delincuencia, más pobreza, más ignorancia, si nó decidimos que se haga lo necesario para que esto ya no suceda y no se degrade nuestra forma de vida a niveles más que miserables.
Celebramos una fiesta estatal con muertos asesinados a mansalva  a sólo 70 kilómetros, elegimos una Dama como la Flor Más Bella, cuando dos o tres más no se comportaron como una y se agarraron del chongo y con pandillas; el desempleo y la ignorancia permea en las celdas de seguridad pública, ante el desbordamiento de la frustración de quienes asisten a la máxima fiesta a consumir, en lo que sus posibilidades le dejan, sus cervezas o tragos.

Todavía nos embarcan en adeudos institucionales, que no se solventarán a la salida del régimen sino hasta que se nos requiera, con tasa de interés preferencial, eso sí.

Diferente panorama se observa en Chiapas, en donde cuando Dios amanece, la gente está de una manera agradecida del buen vivir que se tiene por allá, sin alarmas de delincuencia, sin malestares sociales, y con responsabilidades comunitarias bien definidas, que hacen que los vecinos y las familias convivan de una manera por demás sana.

Ante tal situación no falta quien quiera aprovecharse de la armonía social del estado, irrumpiendo con cuestiones políticas que buscan que la gente pueda abrirle el espacio o darle beneficio de duda, cuando se le ha cuestionado fuertemente por la corrupción y por sus arbitrariedades institucionales, de cuando mantuvo el poder.

Pablo Salazar, debe mantenerse al margen de todo proceso político, porque su mínima intervención manchará la paz y la parsimonia del tejido social del estado. Esto lo deben prever quienes se han convencido en apadrinarlo. El sólo hecho de que busque emitir opiniones sobre política, lo obliga ir a la palestra de la historia, donde se le recuerda lo nefasto y corrupto que fue, aún cuando en su currículum, se jacte de haberle servido por mucho tiempo a Dios.

Son tiempos de reflexionar qué queremos, si verdaderamente lo apreciamos, cómo queremos que sea, y si realmente nos servirá así, es estilo de vida y los alicientes de éste que son los valores morales y sociales. De ahí, de la reflexión, de la lógica, del raciocinio, entonces es que podemos decidir.

 

 

 

 

 

 

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