LIDERAZGO DE ALITO EN EL PRI

 

TRANSPARENCIA POLÍTICA

Por Erwin Macario

El liderazgo de Alito

 

El gran reto del siglo XXI

va a ser precisamente acabar

con el divorcio entre poder y

política. Zygmunt Bauman

 

Ante una realidad en la que las acciones de gobierno muestran el peligroso divorcio entre el poder y la política, como bien acuñara el creador del concepto de la •modernidad líquida” como una explicación a la complejidad social y lo difícil de pasar de una sociedad sólida a una sociedad líquida —intentaré explicar—, el nuevo liderazgo social que pasado mañana domingo asumirá Alejandro Moreno Cárdenas deberá no sólo rescatar el valor de la política sino el de la razón sobre el sentimiento.

México transita, como resultado histórico pero también producto del desgaste de un sistema que ha prevalecido por más de 90 años, de una sociedad sólida en la que los resultados de la acción gubernativa —aún con sus excesos y abuso de poder en los últimos años— daban asidero a las demandas y necesidades populares con acciones de bienestar común, a una sociedad líquida, para usar el término del sociólogo y filósofo polaco hoy usado en el epígrafe, escurridiza como los sueños irrealizados de un pueblo.

El continuado paternalismo social que si bien ya no se basa en el “frijol con gorgojo”, no es a fin de cuentas la solución de México. El liderazgo social que Alito, el nuevo dirigente y líder nacional del PRI anunció desde hace un año, al rendir su tercer informe de gobierno en Campeche, es “una visión de desarrollo no  del México que fue, sino para el México que viene. Con trabajo en equipo, con unidad, con amor a la nación y con la meta más alta en la mente”, como entonces, hace un año 10 días, dijera el entonces gobernador priísta de Campeche —hoy con licencia— para anunciar, desde el sureste, “estoy listo para construir un nuevo liderazgo nacional”.

La crónica de este columnista, lo dejó escrito: Alejandro Moreno Cárdenas, gobernador de Campeche, dijo estar listo para asumir el ‘‘nuevo liderazgo’’ del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y convocó a un ‘‘gran foro nacional democrático’’. Tras lo ocurrido el primero de julio pasado, el mandatario campechano cortó el aliento de más de uno en el Centro de Convenciones de la capital. ‘‘Tengo la mirada bien puesta en el horizonte, y México entero es ese horizonte. Lo que hacemos bien en Campeche, lo podemos hacer bien en todo el país”.

‘‘Ha llegado la hora de sumar, de multiplicar. No tengan la menor duda: seguiremos haciendo política de la buena, construyendo siempre las mejores relaciones y los mejores acuerdos para lograr juntos el mejor Campeche y el mejor México de todos los tiempos’’, arengó Moreno Cárdenas esa vez.

Hizo política. Institucional. Respetuosa. Mantuvo firme su proyecto y ahora, el domingo 18 de agosto, asumirá el liderazgo político que los militantes de su partido le confieren con una mayoría democrática que ningún dirigente —que no líder— de otro partido político tiene en nuestro país. Estos sí electos por las cúpulas.

Alito no tiene que tocar las campanas a vuelo. Sabe que la propia transición de la sociedad mexicana de una política social que privilegió la obra pública —sociedad sólida—a una acción de gobierno que atiende sólo la inmediatez del problema social, con pan para un día y quizá garrote para el siguiente, es uno de los primeros problemas a enfrentar, junto con el divorcio política-poder.

Difícil va a ser su liderazgo. Pero no imposible. Siempre la razón estará por encima del sentimiento, de las emociones políticas que en nuestro país podrían llevarnos al enfrentamiento sin un contrapeso que frene los excesos de una política social, insisto basada en la inmediato, en el pescado y no en la enseñanza para pescar.

En la crónica de entonces dijimos que Alito buscaría la regeneración de su partido y la relación institucional y respetuosa con el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador. Así sucedió, pese a los que de política saben sólo extender la mano para pedir o para robar.

Alito dejó claro ese día, hace un año, ‘‘En la vida se gana y se pierde, y en la política también. A mí jamás me vencerán, pues dicen que para vencer a alguien éste se tiene que rendir y yo jamás me rendiré. Por eso hoy les digo que no nos dejaremos vencer por nada ni por nadie. Lo tengo muy claro: yo, por mi pueblo, primero muerto que rendirme’’.

Con esa fortaleza de carácter, el PRI tiene de nuevo líder. México tiene un nuevo liderazgo social que no se basará en el enfrentamiento de la terquedad sino en la búsqueda de un mejor porvenir para todos los mexicanos.

Habremos de ver —Dios nos dé vida— una nueva forma de hacer política desde un partido que no será enemigo del poder, sino amigo de quienes necesitan no ser tratados como la nueva tienda de raya política, en la que únicamente se les da para que sobrevivan. Los mexicanos vivirán con una nueva política en la que si bien el liderazgo más fuerte será del PRI, los otros partidos y las instituciones de la República tendrán que hacer su parte.

Qué así sea.