+Se desploma el turismo y pega a los empresarios; la delincuencia mantiene en jaque a la población
Por Luis A. Cabañas Basulto/SFAS/Cozumel, QRoo (Sep 2019).- Ante los cada vez más elevados índices de inseguridad en Cozumel, irónicamente, las denuncias ante el Ministerio Público son cada vez menores, lógicamente -y por sentido común- porque la ciudadanía tiene cada vez menor confianza en sus autoridades, particularmente los empresarios, según indica la Cámara de Comercio de la isla.
Lo anterior sólo pone de manifiesto que la inseguridad se ha convertido en una “piedra” en el zapato del presidente municipal, Pedro Joaquín Delbouis, quien, lejos de echarle los kilos al tema, sigue más preocupado por convertirse en el próximo gobernador de Quintana Roo.
MANDO ÚNICO, UN FIASCO
Pero además, la policía de Cozumel, ahora bajo la responsabilidad del inoperante Mando Único, no sólo no apoya a los isleños, sino que parece estar en su contra, según puso de manifiesto Selene Mariel Tejeda Bravo, quien denunció ante el Ministerio Público a la Policía Municipal por agredirla y causarle lesiones, tras detenerla encerrarla dos horas de forma arbitraria.
La quejosa acudió a un evento público en la Dirección de Seguridad Pública, donde la atendió Mario Yáñez, uno de los múltiples “asesores” del munícipe, ya que desde dos días intentó en vano dialogar con los mandos policíacos.
INOPERANCIA POLICIACA
La inoperancia policiaca también ha obligado a los afectados a buscar apoyo del propio presidente López Obrador, como fue el caso de la periodista Ana Ledesma Canaán, quien lo hizo por medio de una carta, tras sufrir amenazas de muerte por ejercer su libertad de expresión.
Con residencia y lugar de trabajo en Cozumel, la comunicadora aseguró haber recibido amenazas vía telefónica, escrita y hasta personalmente, por lo que pidió al Gobierno Federal intervenir para garantizar su seguridad y que las investigaciones se realicen de forma cabal y al margen de la Ley.
Compañera de trabajo de AMLO durante la campaña por la gubernatura de Campeche, de Layda Sansores, hace más de 21 años, dijo que desde ese entonces lo conoce, reconoce y aplaudo su forma franca, cálida y conciliadora de tratar al pueblo de México como primer mandatario de la nación.
En este sentido, le solicitó de la manera más atenta y pronta intervenir en la aplicación de la legalidad en todas las instancias de Quintana Roo, donde a “modo” se “resuelven” aún muchas cosas.
Puntualizó ser periodista y ejercer su profesión desde hace más de 25 años, y pese a que nunca se ha aliado a algún partido político, los ideales de Morena son muy semejantes a los suyos, y de ahí que denuncie haber recibido amenazas de muerte, por escrito, vía telefónica y en persona, con armas de fuego.
Tras señalar estar inscrita en el mecanismo para la protección de los defensores de los derechos humanos y periodistas, no obstante, dijo seguir siendo víctima, vulnerable y vulnerada.
Por su parte, Tejeda Bravo relató que el viernes fue a despedir a una amiga al ferry en un auto rentado, pero la policía Yahaira Jiménez Azueta, quien aseguró que estaba en estado de ebriedad, la detuvo sin motivo aparente, y su vehículo llevado por una grúa.
Una vez en Seguridad Pública, fue llevada con el médico, que certificó que estaba sobria, por lo que, enojada, dijo a la policía que le debía una disculpa, lo que molestó a ésta, que exigió una nota por el traslado del vehículo y pagar para recuperar su coche.
Jiménez Azueta fue escolta de la anterior presidenta municipal, Perla Tun Pech, hasta ser detenida en 2017 por chocar alcoholizada su coche e intentar darse a la fuga, además de perder su arma de cargo, aunque por ser hija de una “lideresa”, reapareció el año pasado como coordinadora de Protección Civil, y ahora nuevamente como agente de Seguridad Pública.
SOBERBIA E IMPOTENCIA DEL ALCALDE
Lejos de tomar el toro por los cuernos en la corporación, Joaquín Delbouis demuestra soberbia e impotencia, a grado tal que, en reunión de Cabildo, preguntó a gritos: “No sé cómo diablos quieren bajar los índices delictivos” y al interrumpir su monólogo la regidora Perla Tun, golpeó la mesa para decirle que no lo interrumpiera.
En clara muestra de desesperación por la creciente inseguridad que vive Cozumel y de intolerancia a cuestionamientos, el alcalde no sólo pierde la paciencia, sino que alega que “sin patrullaje, sin colaboración del gobierno estatal y mucho menos, con el gobierno federal, no sé cómo diablos bajar los índices delictivos”.
En ese momento Perla Tun le interrumpió, y en respuesta pegó fuertemente en la mesa del recinto y le gritó a una sorprendida ex munícipe: “Cuando esté hablando, no me quite la palabra”.
El caso fue todo un escándalo que, sin embargo, omitió la dócil prensa, aunque constituye la mejor del carácter soberbio de quien ¡quiere ser gobernador del Estado!
…y no puede con la seguridad de un municipio.


