EVANGELIO MEDITADO POR EL P. RICARDO BULMEZ (SACERDOTE VENEZOLANO)
FB: RicardoBulmez
Prólogo. @AlbaniCordero:🌹¿Te cuesta perdonar? Comienza por pedir a Dios el don del perdón… una vez que lo recibas, tu vida nunca más será la misma: recuperarás tu estima, a personas amadas, tu salud. Tu paz y tu conexión con Dios se harán más profundas. Perdonar es darle una oportunidad a la vida… Dios es tu aliado, te ama, te acompaña y te bendice… siempre.
Martes 23/02/2021. Martes de la I Semana de Cuaresma. Tiempo de Cuaresma. Ciclo B, en la Iglesia Católica. Y tiempo de lucha ante la profunda crisis política, social y económica por causa de la dictadura cívico militar que padece Venezuela. Lo más importante para un país es ver correr la justicia y la libertad por los hogares, calles, instituciones y en sus leyes. En este momento de su historia nuestra Venezuela vive en pecado crónico y sacrílego: la escasez. Este escarnio atenta contra lo más sagrado que Dios creó que es la vida. Si quitamos la causa, eliminamos el efecto. El origen de la penuria está en los que nos manipulan, pero el desenlace en los que la aceptamos. Repito, ¡la escasez es pecado de obra o comisión por parte del poder y de omisión por conformidad del pueblo! No pactes con el mal… ¡haz el bien!
(Mateo 6, 7-15). “En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando ustedes hagan oración no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar, serán escuchados. No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.
Ustedes, pues, oren así: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. Pero si ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el Padre les perdonará a ustedes sus faltas”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
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Reflexión. Fui a dar una charla en la ciudad de San Cristóbal, Estado Táchira. El chofer del colegio que me invitó había ido a buscarme al aeropuerto en compañía de su hijo de cuatro años. Me lo presentó: “Jean Paul, conoce al padre”. Me incliné para saludarlo con cariño, pero el tal Jean Paul no fue muy amable. Al revés, levantó el puño en ademán de amenaza, e hizo un gesto de desprecio: me sacó la lengua. “¡Malasangre el muchachito, ¿no?!”, pensé. Por lo visto no le caí nada bien, él a mí tampoco… si a eso vamos. La cuestión fue mutua.
Subiendo a San Cristóbal, desde el aeropuerto, ese día hacía bastante calor. El chofer y yo llevábamos una conversación muy interesante y profunda. Hablábamos de temas de alta política de estado: corrupción. En eso estábamos, cuando oímos gritar escandalosamente a Jean Paul desde el asiento de atrás: “¡Papá, tengo sed!” -el papá no le hacía caso, por lo visto lo conocía muy bien.
El niño empezó a repetir fastidiosamente en cadena, mientras nosotros conversábamos: “¡Papá tengo sed!”. Esto lo hacía sin parar y daba patadas al asiento justo en donde yo estaba sentado. Porque el carajito, para completar, se sentó detrás de mí no de su padre. Hubo un momento en el que empecé a sentirme fastidiado, incómodo y molesto por la malcriadez del niño.
“¡¡Papá, tengo sed!!, gritaba. De repente el padre detuvo la marcha del vehículo y le dio tremendo regaño al hijo para que se callara. Yo miré a la fiera -perdón, al niño- en señal de satisfacción. Pensé: “¡Muy bien hecho, caray! A ver si te callas de una buena vez”.
El tal Jean Paul, parecía que hubiera recibido más combustible con el regaño. Ahora gritaba más duro y daba más patadas. “¡Papá, tengo sed! ¡Papá, tengo sed!”. Mi amigo detuvo el vehículo en el primer quiosco que apareció, se bajó y trajo al niño un sabroso refresco de naranja para que saciara su sed; y de paso compró otro para mí. Yo no había pedido ninguna bebida, pero me cayó de maravilla. Pues, yo también me estaba muriendo de la sed. A partir de allí el niño me cayó simpático. Ahí me di cuenta… “¡Así es la oración!”. Pensé que si oraba como pide saciar su sed ese niño, Dios me concedería todo lo que le pidiera.
Esta oración me pareció tan bonita, sencilla y profunda que la tomé como modelo. ¡Qué bonito! Porque en ella no se pide nada, el niño no exigía, simplemente decía que tenía sed. Rezar no es pedir, rezar es el respirar del alma. Y así respiraba el niño con su sed.
En el evangelio de hoy aprendí… Por la fe sé que nuestro Padre del cielo siempre me escucha, Dios sacia la sed o las aspiraciones más profundas del hombre. Pero cuando creo que no me oye, pateo con ganas “los bancos del templo”… porque a veces la sed espiritual es de urgencia… ¿Ustedes creen que si ese niño hubiese cesado en su petición, su padre le habría dado refresco? “¡Papá, tengo sed!”… ¿Ves?, orar es tan sencillo y mitigante como beberse un vaso de agua fresca.
Pensamiento del día… Orar es la inspiración y espiración del alma. Dios siempre escucha nuestra respiración, nuestro aliento. Muchas veces me pongo ante el Santísimo Sacramento, en la soledad de mi habitación o en cualquier sitio y empiezo sin parar: “Papá, tengo sed; Papá, tengo sed; Papá… tengo sed”. Eso es todo… Jesús nos dice… “No hablen tanto”.
Tarea para la casa… Revisa algunas áreas de tu vida y descubre en donde tienes más sequedad… sed. Y reza… “Papá tengo sed de fe, esperanza y de amor… paz espiritual, de unión familiar, alegría, de libertad social y económica… de un país boyante en justicia y democracia… ¡Papá tengo sed!
@RicardoBulmez
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