EVANGELIO MEDITADO POR EL P. RICARDO BULMEZ (SACERDOTE VENEZOLANO)
@Ricardo Bulmez
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Domingo de la III Semana de Cuaresma. Ciclo B, en la Iglesia Católica. Y tiempo de lucha y oración ante la profunda crisis de valores humanos en nuestro tiempo. Somos hijos de Dios, no del poder político ni de ninguna ideología.
Prólogo. @AlbaniCordero:🌹Cada día es como una hoja en blanco donde podemos escribir una nueva historia, una nueva oportunidad… El brillo de cada día. La humildad y la alegría son el esplendor del amor. Aunque no todo lo que brilla es oro, ¿qué valor tiene éste sin brillo? Dios es tu aliado, te ama, te acompaña y te bendice… siempre.
(Juan 2, 13-25). “Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas con sus mesas. Entonces hizo un látigo de cordeles y los echó del templo, con todo y sus ovejas y bueyes; a los cambistas les volcó las mesas y les tiró al suelo las monedas; y a los que vendían palomas les dijo: “Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre”.
En ese momento, sus discípulos se acordaron de lo que estaba escrito: El celo de tu casa me devora.
Después intervinieron los judíos para preguntarle: “¿Qué señal nos das de que tienes autoridad para actuar así?”. Jesús les respondió: “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”. Replicaron los judíos: “Cuarenta y seis años se ha llevado la construcción del templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?”. Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Por eso, cuando resucitó Jesús de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho aquello y creyeron en la Escritura y en las palabras que Jesús había dicho.
Mientras estuvo en Jerusalén para las fiestas de Pascua, muchos creyeron en él, al ver los prodigios que hacía. Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba que nadie le descubriera lo que es el hombre, porque él sabía lo que hay en el hombre”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
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Reflexión. La vida de cada quien se afianza en un tiempo y espacio determinados. Los dos, cuando se transforman en eternidad, son inmortales. Y de eso no hay ninguna duda, porque por ahí todos algún día vamos a transitar. Como dice el canto religioso: “Ya no temo, Señor, a la muerte./ Ya no temo, Señor, la eternidad,/ porque estás allá esperando/que yo llegue hasta ti”. La existencia corre por esos contextos, con cualquiera de los dos que termine se acaba la presencia en este mundo. Porque la vida es tiempo y espacio. Pero, en este caminar de la humanidad, circulamos por épocas y lugares que llamamos sagrados. Estas áreas y momentos sacros son ocasiones de encuentro íntimo con lo indecible, delicado y absoluto. Lo sagrado o bendito no tanto depende del lugar y época del mes o años sino de la actitud y motivación de los participantes que lo animan.
El espacio sagrado es, digámoslo así, un encuentro exclusivo de lo divino con lo humano, lo sorprendente con lo ordinario, lo bello con lo bueno… Dios con la humanidad. Lo sagrado no es para vivir o permanecer en él, ni para instalarse allí… es para la vida, para seguir viviendo… No es pa´que te lo comas aquí… es para el viaje. Porque en el lugar sagrado, con su mismo tiempo, se toman fuerzas extraordinarias para continuar caminando por los momentos ordinarios y tortuosos de la vida. Es como la gacela que se arrodilla frente a la fuente cristalina no para quedarse ahí, sino para recuperar energías saciando su sed; y así continuar por las montañas escarpadas y empinadas.
Jesús no se encuentra en el templo con personas que buscan a Dios, sino con comerciantes de lo sagrado: el importe por instalar los puestos de venta era entregado al sumo sacerdote. Escoge el tiempo de pascua y el espacio del templo para la enseñanza. Por eso, como en toda parábola, utiliza un signo: un látigo. Esto simbolizaba al Mesías castigando los vicios y las prácticas malvadas, y expulsa a todos del templo junto con las ovejas y los bueyes.
En el evangelio de hoy aprendí… La sede gubernamental de todo país es el templo en donde la unión de sus integrantes, como personajes sagrados, tejen ordenanzas que beneficien a todos por igual. Si los miembros oficiales defienden sus intereses personales, y a los de sus partidos, y no a los de todo el pueblo, entonces, son unos intrusos y unos profanadores de lo más sagrado que tiene un país que son sus habitantes. Siguiendo el ejemplo de Jesús… ¡Hay que sacarlos del templo -léase “poder”- “porque lo han convertido en una cueva de ladrones”!
Pensamiento del día… No vayamos al templo a buscar a Dios sino a llevarlo, porque Él está dentro de cada uno de nosotros. Y ahí, busquemos a nuestros hermanos. Jesús reaccionó con ardor: “¡Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre!”. El Papa Francisco se hace eco de estas palabras: “No cobremos tantos peajes”.
Tarea para la casa… Vive cada rincón de tu vida, en donde hay gente, la experiencia del templo de Dios. Reza hoy, muy especialmente, por todas las personas que habitan este planeta.
@RicardoBulmez
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