- A “Condorito” le cortan las alas y se queda solo; ahora nada más recibirá cartas del CJNG porque ya ni en el PVEM lo tomarán en cuenta
- Él y su princesa abandonarán el castillo del que se sirvieron con la cuchara grande durante cuatro años con la pretensión de ser los dueños del gobierno que ya tiene en sus manos Eduardo Ramírez Aguilar
Por Alejandro Rigosa Castañeda/SFAS/Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.- El policía de la mafia chiapaneca que ve esfumar sus aspiraciones sentado en una curul en el Congreso del Estado, pegado como siamés a su dama de compañía, estuvo en el evento de cambio de estafeta del Partido Verde Ecologista de México, versión Chiapas, agazapado y disperso, pero intentado robar cámara en un acto totalmente fuera de su alcance.
Llegó desde las seis de la mañana a acaparar espacio, sabedor de que no tendría lugar en el templete y menos en el presídium. Pero iluso madrugó para sentarse en medio, donde pudiera salir en la foto oficial junto a los nuevos políticos que brillarán por seis años y con los que él no tiene ninguna relación directa. Uno de los organizadores le dijo que su lugar estaba detrás, dos filas arriba. Allí estaba de nuevo con la mujer que lo acompañó hasta en el baño, ambos con las manos sudadas y bastante desaliñados. Ella portaba una blusa negra con un jaguar estampado en el costado izquierdo, pantalón negro entubado y unos tenis polvorientos como si hubiese salido de alguna vega.
El escenario que en un par de horas rebalsó como cerveza de barrio en tarro de cantina, fue mudo testigo de los arrinconados pero arribistas y convenencieros verdeecologistas, quienes tuvieron secuestrado a merced por seis años al instituto político que dejó de ser público y de sus militantes porque se lo llevó a su casa con todo y muebles, acostumbrado a hacerse de las cosas ajenas.
El policía socarrón se jactaba de tener el poder del partido de la segunda fuerza política del estado y hasta se presentaba como el sucesor de Rutilio Escandón Cadenas en todos los rincones de Chiapas. Karen Castrejón Trujillo, lideresa nacional del Partido Verde, le daba jugada para engañar a bobos de sus intensiones frustradas porque tenían arreglos económicos donde su ex jefe Manuel Velasco Coello recibía la mayoría de los dividendos.
Tuvo la osadía de poner como dirigente en Chiapas a quien le tendía la cama y le sobaba la espalda. Ambos hicieron la comparsa de La Bella y La Bestia en una fábula de quimeras donde el policía saboreaba el reinado y su consorte un escaño en el palacio de Bucareli.
El policía mientras fungió como Fiscal General, usó el poder a su favor para minar la llegada de cualquier intruso que pretendiera arrebatarle sus sueños guajiros; incluso, al propio Eduardo Ramírez Aguilar le armó dos carpetas de investigación por cargos irrisorios pero que podrían judicializarse en el momento en que mostrara sus aspiraciones por las que hoy aplasta a todos sus adversarios.
Acostumbrado a la persecución y los actos cri-mi-nales, el policía buscó por Morena, por el Partido del Trabajo y, finalmente con el Verde, una coalición para salir en las listas de las tómbolas oficiales como el candidato a gobernador. Al no verse favorecido, inició una campaña bofa ensalzando sus dotes de estratega de seguridad con un panfleto que ni regalado tuvo éxito pero que su promoción tapicera en espectaculares salió en más 40 millones de pesos, un despilfarro de dinero público que jamás observó el IEPC por la cofradía que existía con Oswaldo Chacón Ramírez.
Pero esta mañana en el Foro Chiapas, el policía, a quien la gente lo identifica más como el Comandante Condorito, figuró por última vez detrás del poder y de las ligas mayores y, sólo porque su comadre Karen Castrejón Trujillo lo rescató en su discurso, se habría quedado en la ostra donde, en ayunas, permaneció cabizbajo y meditabundo en espera de la patada que habría de propinarle un heraldo de Eduardo Ramírez Aguilar que rescató del pantano fecal a un partido que se adelanta como la próxima primera fuerza política de Chiapas para las siguientes elecciones intermedias.
En una esquina, como en cualquier cuadrilátero, yacía desparpajada, malpeinada y con el rímel escurrido, la “muñeca” del Comandante Condorito, con la que soñó alguna vez coronar su triunfo en el tinglado político pero lo único que recibió fue el uppercut con combinación de izquierda, con el cual vio caer lentamente todas sus aspiraciones.
Les queda ahora, como única salida, seguir siendo los abogados del cártel de las Cuatro Letras y recibir como de costumbre las misivas en cuerpos mutilados que los delatan como las manos que han teñido de sangre y fuego a Chiapas en tan sólo seis años.
Hoy, los vientos de cambio traen en bandeja de plata un liderazgo genuino con Manuel Pulido López, hombre cabal que sabrá sacudir la casa y limpiarla de los malos espíritus que por cuatro años estuvo secuestrada por un par de rufianes. A los apestados del verde sólo les queda rezar para que los tres años que les queda, no pasen tan rápido como sus fugaces aspiraciones.


