QUEMAN Y DECAPITAN A PRESUNTO ASESINO DE NIÑA Y ABUELA EN CHIAPAS

¿Eran en realidad los asesinos?… No habían declarado ante la justicia; uno fue rescatado por la autoridad, aunque malherido tras el linchamiento.

¿Fue un plan calculado lo que hizo la autoridad municipal para que la multitud se volcara e hiciera justicia por propia mano?

Fallaron los protocolos de seguridad y la sangre siguió corriendo en Ostoacán.

Queda en evidencia la ingobernabilidad del comandante en jefe de las fuerzas de seguridad pública y dos veces alcalde del lugar, Víctor Manuel López Jiménez. Esta experiencia debe servir para que el pueblo esté más atento y sea más sabio al elegir a sus gobernantes. ¿A dónde fue a parar toda la derrama económica destinada a la seguridad? Esas mesas de seguridad pública, olorosas a café con funcionarios emperfumaditos, resultan infructuosas y sin resultados. Se gastan millones de pesos y la ciudadanía sigue pagando el precio, a merced del crimen organizado en un municipio que, aunque pequeño, ve cómo la droga corre a raudales entre sus jóvenes.

Por: Isaac Mendiola / SFAS / Ostoacán; Chiapas, 25 de octubre del 2026.—

Un pueblo enardecido es capaz de todo, hasta de hacer justicia por propia mano, aunque no se tenga la certeza de si lo que se hace está bien. Un pueblo dolido se venga, aunque actúe cegado por el odio y no se sepa con seguridad si fueron ellos los autores del atroz crimen de la niña Ariadna y su abuelita Miriam. La gente descargó su ira, arrebató a los presuntos responsables de manos de la policía; a uno lo decapitó y lo quemó en plena plaza pública, mientras que al otro lo molió a golpes. Finalmente este último fue rescatado por las autoridades, pero llegando moribundo.

El punto central del asunto es que los presuntos responsables linchados no habían declarado ante la justicia, y eso entorpece la investigación. Porque aún queda la duda: ¿en realidad fueron ellos? Si lo fueron, debieron responder ante la ley y pagar con cárcel el resto de su vida. Hoy solo queda una persona con vida. Si sobrevive, quizá se aclare todo lo demás, y lo que el pueblo ansía saber: ¿quiénes más estuvieron involucrados? ¿Qué hay detrás de todo esto?

PROTOCOLOS DE SEGURIDAD INÚTILES

Policías sin experiencia, sin la capacidad para resolver un asunto tan delicado. Estos puestos no deben asignarse por compadrazgo ni por decisión arbitraria o política; no cualquiera puede estar al frente de la seguridad de la población. De ahí estos resultados fatales: porque falta capacidad. Además, los recursos económicos para el rubro —que por cierto no son auditables— no llegan a su destino y se quedan en el camino, en los bolsillos de funcionarios corruptos. Si realmente se aplicaran como deben, quizá no estaríamos viviendo escenas tan dolorosas. Ostoacán tiene una sola entrada y esa misma es salida. Si se trataba de los responsables del doble feminicidio, ¿por qué la policía de investigación y el fiscal Arbey Estrada López, que se encontraban en el lugar, no ordenaron trasladarlos a la capital? ¿Por qué los mantuvieron en las celdas municipales cuando la gente ya se empezaba a concentrar afuera? Todo quedó demasiado tiempo bajo la responsabilidad de la autoridad municipal. El presidente, que por cierto ha gobernado en dos periodos, cometió errores, omisiones y declaraciones desafortunadas. Fue omiso, al igual que su ineficaz cuerpo de seguridad. ¿Cómo es posible que siendo dos veces alcalde no haya priorizado la seguridad ciudadana, que es una de sus principales obligaciones? Esas son las carencias que aquejan hoy al municipio.

DEBE HABER RESPONSABILIDAD JURÍDICA PARA LOS ENCARGADOS DE LA SEGURIDAD

Es indispensable que las autoridades competentes finquen responsabilidades a quienes resulten responsables. Porque fallaron los operativos en un pueblo pequeño.

LA DROGA CORRE A RAUDALES

—En este pueblo antes no pasaba nada, don Isaac —comenta un abuelito para este reportero que recorrió la región—. Antes vivíamos en paz. Lo que está destruyendo a nuestro pueblo es la maldita droga que corre sin control. Nuestros jóvenes van en motocicletas como locos en cuanto saben que llegó. Eso los pierde y al final terminamos viendo estas tragedias —dijo el hombre ya mayor pero lúcido.

LUTO EN EL PUEBLO

Hoy hay muchas familias de luto y con el corazón herido. El pueblo sigue con temor por la inseguridad y con la sensación de que su alcalde no supo estar a la altura, que defraudó la confianza que depositó en él. La esperanza de cambio se desvaneció y la situación empeoró. El pueblo ahora está a la deriva, sin rumbo, y lo más doloroso: bañado en sangre.

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