Evangelio del Miércoles 10/02/2021, meditado por el Padre Ricardo Bulmez.
Prólogo. @AlbaniCordero:🌹Yo no amo el dinero, pero lo necesito. Y lo requiero para comprar cosas materiales. El que necesita el dinero no es un esclavo, sí el que se apega a él. El dinero es para llevarlo en los bolsillos, no en el corazón. Y no lo pongas ahí para guardarlo sino para gastarlo… no para malgastarlo. Dios es tu aliado, te ama, te acompaña y te bendice… siempre.
Miércoles 10/02/2021. Santa Escolástica, Virgen. Ciclo B, en la Iglesia Católica. Podemos ser infelices por falta de dinero o por su tenencia, por tener mucho o por no tenerlo. Hay personas que dan lástima porque lo único que tienen es dinero, y otras porque lo único que poseen son las ansias de tenerlo. Como dice la frase: “El rico tiene angustias y el pobre tiene ganas de tenerlas”. Es bueno examinar, si creo que el dinero me hace falta para ser feliz. O si estoy claro que lo necesito para comprar cosas. Porque una cosa es necesitarlo y otra es estancarse en él.
(Marcos 7, 14-23). “En aquel tiempo, Jesús llamó de nuevo a la gente y les dijo: “Escúchenme todos y entiéndanme. Nada que entre de fuera puede manchar al hombre; lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro”. Cuando entró en una casa para alejarse de la muchedumbre, los discípulos le preguntaron qué quería decir aquella parábola. Él les dijo: “¿Ustedes también son incapaces de comprender? ¿No entienden que nada de lo que entra en el hombre desde afuera puede contaminarlo, porque no entra en su corazón, sino en el vientre y después, sale del cuerpo?”. Con estas palabras declaraba limpios todos los alimentos.
Luego agregó: “Lo que sí mancha al hombre es lo que sale de dentro; porque del corazón del hombre salen las intenciones malas, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las injusticias, los fraudes, el desenfreno, las envidias, la difamación, el orgullo y la frivolidad. Todas estas maldades salen de dentro y manchan al hombre”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
———–
Reflexión. Uno se une a lo que desea o a lo que cree que ama… ¿A qué estamos atados? Algunos al pasado. Descubre qué aspectos del pasado no te dejan actuar con libertad. Pero tengamos en cuenta que la libertad es lo que nos lleva a ser lo que somos… ser verdad. La libertad es la verdad. El pasado funciona como atadura cuando lo haces presente, cuando le das energía y de alguna forma vives eso que ya pasó. Por ejemplo, una vez pregunté a alguien que iba conmigo en el carro que si sabía manejar, y me respondió que sí. Le pedí que condujera.
-No, no -me dijo-, ya no manejo.
-¿Por qué?
-Es que hace cinco años tuve un accidente y desde entonces no manejo.
Este hombre se esclavizó con ese evento. Jamás volvió a maniobrar ni una carretilla. Hizo presente ese pasado, le dio vida. Una cosa es no manejar nunca por propia decisión, y otra es que no lo hagas por ese evento. La decisión es libre, pero ese hecho te obligó a no conducir más. Tú no cambiaste, te cambiaron. Completa esta lección con Isaías 43: “Esto dice el Señor: No recuerden lo pasado, no piensen en lo antiguo; miren que realizo algo nuevo, ya está brotando… ¿No lo notan?”. La decisión está dentro de ti y el accidente está en el camino. De ahí que Jesús nos dice, hasta casi en súplica: “Escúchenme todos y entiéndanme. Nada que entre de fuera puede manchar al hombre; lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro”, lo que sale del corazón.
Cuando yo era un niño, aprendí la oración del Padre Nuestro. Entonces, no entendía nada, porque era un niño. Ahora tampoco entiendo mucho, porque soy un adulto. Porque la oración del Padre Nuestro no es para ser entendida, sino para ser vivida. Las cosas que se entienden, son para ser explicadas. Jesucristo nos enseña en dónde está el Padre… decía a sus discípulos “Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo han visto”.
Cuando todo parecía estar claro, salta Felipe y le dice: “Muéstranos al Padre y nos basta”. Me imagino a Jesús casi perdiendo la paciencia. Le responde a Felipe: “¿Tanto tiempo que estoy con vosotros y no me conocéis, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn. 14, 7-14). Nada más faltó decirle… “¡Boquiabierta!”, pero en arameo, claro. Los discípulos podían verlo porque estaban en su tiempo, nosotros no estamos en ese tiempo, pero sí en su espíritu. Si decimos hoy a Jesús “Muéstranos al Padre”, nos diría “Recen el Padre Nuestro que estás en el cielo…”.
En el evangelio de hoy aprendí… Jesucristo nos dice que el Dios Padre está en el “cielo”; que no lo busquemos en otra parte, porque no lo vamos a encontrar. Pues, está en el cielo. Es decir, dentro de nosotros mismos. Somos templos vivos de Dios. Muchas personas, en vez de decir “Padre nuestro que estás en el cielo”, lo que dicen es, “Padre nuestro que estás en el templo”… ahí no lo hallaremos, si antes no lo hemos encontrado dentro de nosotros mismos.
Pensamiento del día… No vayas al templo a buscar a Dios… ve a llevarlo. Cada quien cree encontrarlo, en donde pone su corazón y su amor. Cada uno cree encontrarlo en su interés de vida. “Donde está tu tesoro, ahí está tu corazón” (Mt. 6, 21), dice Jesús. El botellón de agua contiene agua, pero no es agua. No sacia la sed.
Tarea para la casa… Para apegarse a alguien o a algo, no hace falta tenerlo. Pregúntate: “¿En dónde está mi tesoro?”.
Estás apegado a tu ego, idea, bien material, etc. Memoriza y recuerda este pensamiento del gran San Agustín de Hipona: “Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti” (Conf. 1, 1).
@RicardoBulmez


