EVANGELIO DEL MIÉRCOLES 05/05/2021, MEDITADO POR EL SACERDOTE VENEZOLANO RICARDO BULMEZ

EVANGELIO DEL MIÉRCOLES 05/05/2021, MEDITADO POR EL SACERDOTE VENEZOLANO RICARDO BULMEZ

 

Miércoles V de Pascua; Ciclo B/Año Impar, en la Iglesia Católica. Y momento de lucha y oración ante la profunda crisis de valores humanos en nuestro tiempo. Recordemos que somos hijos de Dios, no del poder político ni de ninguna ideología.

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Prólogo. @AlbaniCordero:🌹La felicidad no depende de lo que tienes o de lo que todavía no has podido conseguir; depende de la actitud y de la forma de asumir e interpretar lo que sucede en tu vida. Tú eres el (la) protagonista de tu felicidad… eso si,  no la busques alejado de Dios porque serás  como paja que se lleva  el viento. Dios es tu aliado, te ama, te acompaña y te bendice… siempre.

 

Miércoles 05/05/2021. (Juan 15, 1-8). “En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto. Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí nada puede hacer. Al que no permanece en mí se le echa fuera, como al sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde. Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

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Reflexión: Jesús es la nueva vid, la vid verdadera. Él nos lo dice: “Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto”. La poda es dura, pero es necesaria. Purifica la vid, para que crezca y produzca más frutos.

Hace un tiempo, viajaba en avión y me tocó de compañero de asiento un individuo de unos ochenta años de edad. Muy agradable y simpático. Al presentarnos, le dije que yo era sacerdote católico. Él era profesor jubilado de una universidad. Por supuesto, cada vez que el sacerdote se encuentra con alguien y se entera de su condición, no falta el tema religioso. Bien sea para preguntar, compartir, cuestionar o discutir. Pero este hombre no fue así, más bien me dejó una honda enseñanza.

Después de hablar unos cuantos temas de Jesucristo y de la iglesia, el hombre me dijo que me felicitaba por ser sacerdote, porque yo tenía fe. Dijo que tener fe debía ser la experiencia más placentera que había. Yo, extrañado, le pregunté el por qué. El hombre me dijo qué bueno estar protegido por lo que uno le pedía a Dios. “Yo no puedo estar seguro de eso porque soy ateo”. Continuó el hombre: “Padre, yo no puedo creer en lo que usted cree. Intelectualmente, sé que la fe es lo más grandioso y nos hace felices, pero no puedo creer. No tengo fe. Por eso lo admiro, padre, y lo felicito”. Me sentí humillado y desconcertado. Pues, en el fondo, yo tampoco tenía la fe que el hombre percibía en mí.

En el avión íbamos viajando, por lo menos, dos ateos: uno cristiano, yo; y uno ateo, ateo: él. Me di cuenta de que yo necesitaba crecer en la fe. Que tenía algo de ateo y algo de creyente. Este encuentro me motivó más a titular mi primer libro “El Arte de Combinar el Sí con el No”.

El decía que no podía creer y no creía. Yo le decía que sí creía, pero tampoco creía. Ese ateo me cuestionó la poca fe que tenía, precisamente porque la tenía débil. Cuando salí del avión lo busqué con la mirada, pero se me perdió. Lo perdí de vista, pero me quedé con una honda inquietud, me cuestionó. El ateo me dijo que le costaba tener fe… a mí también. Esa noche recé con el corazón en la mano, como años antes lo había hecho. Recé por el ateo y por mí. Le dije a Jesús: “Señor creo, pero aumenta mi fe… porque tengo poca”. Y así rezo hasta hoy… y le vi más sentido a la parábola de la vid y los sarmientos.

En el Evangelio de hoy aprendí… Jesús alarga la parábola y dice: “Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí nada puede hacer”. “Por sus frutos los conocerán”, dice Jesús. El buen árbol se conoce por sus frutos.

Pensamiento del día… Los discípulos ya fueron podados por la palabra que escucharon de Jesús: “Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar frutos por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí”.

Tarea para la casa… En este mes de la Virgen María, hoy dile: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.

@RicardoBulmez Padre Ricura.

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