EVANGELIO DEL VIERNES 03/12/2021, MEDITADO POR EL SACERDOTE VENEZOLANO RICARDO BULMEZ
San Francisco Javier. I Semana de Adviento. Ciclo C/Año Impar, en la Iglesia Católica. Y tiempo de lucha y oración ante la profunda crisis de valores humanos en nuestro tiempo. Somos hijos de Dios, no del poder político ni de ninguna ideología.
Prólogo. @AlbaniCordero:🌹Una de las cosas más bellas que tiene el ser humano es el buen servicio a los demás… y eso también es un don que hay que pedir a Dios… Él nos da lo que le pidamos. Sólo tenemos que estar despiertos, ver las señales, interpretarlas y seguir al corazón… Dios es tu aliado, te ama, te acompaña y te bendice… siempre.
Viernes 03/12/2021. (Mateo 9, 27-31). “Cuando Jesús salía de Cafarnaúm, lo siguieron dos ciegos, que gritaban: “¡Hijo de David, compadécete de nosotros!”. Al entrar Jesús en la casa, se le acercaron los ciegos y Jesús les preguntó: “¿Creen que puedo hacerlo?”. Ellos le contestaron: “Sí, Señor”. Entonces les tocó los ojos, diciendo: “Que se haga en ustedes conforme a su fe”. Y se les abrieron los ojos. Jesús les advirtió severamente: “Que nadie lo sepa”. Pero ellos, al salir, divulgaron su fama por toda la región”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
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Reflexión. Al pensar en esos dos hombres que, aún en la oscuridad de su ceguera, seguían a Jesús y le gritaban. ¿Quién no se llena de admiración? Ellos no podían ver, pero… ¡podían gritar! Recordemos que la sanidad no está en no tener alguna enfermedad, sino en vivir al máximo con la limitación que se tiene. Por otra parte, nadie sabe al cien por ciento lo que sabe. Es decir, de lo que sé lo sé poco. Y de este poco que sé, poco sé.
Un pez chico suplicó a otro grande: “Oye vale, tú que sabes… enséñame el océano”. Entonces, el pez grande desplegó sus aletas y nadó a toda velocidad… triplicó su capacidad. El chico apenas podía seguirlo… jadeaba y casi no podía respirar por el cansancio. El pez grande, viendo a su alumno al punto del desmayo, se detuvo.
-¡Quiero ver el océano! -presionó el chico ya un poco molesto.
-¡Estás en el océano! -contestó con firmeza el pez grande.
-¡Pero… yo sólo lo que veo es pura agua!
-¡Esto es el océano… pura agua! -dijo el pez grande.
El pecesito saltó solo varias veces a la superficie, en busca del océano tan deseado. En uno de esos brincos, vio a lo lejos que algo brillaba intensamente: ¡era la arena de la playa visitada por la luz del Sol! “¡Eso sí debe ser el océano… se ve tan bonito!”. Saltó a la arena creyendo que era el océano. El pecesito se asfixiaba, abría la boca desesperadamente en busca de oxígeno… su cuerpo se contorneaba por el dolor en sus branquias… y murió.
Así, como este pez, estamos muchos de nosotros: buscando el océano fuera de él; y lo confundimos con la arena. Buscamos vida en donde hay espejismos; el servicio lo identificamos con el poder; la fe con los ritos externos; muchas veces no distinguimos entre el amor y el egoísmo, creemos que “Te amo” es lo mismo que “Te necesito”. Y que la amistad tiene que ver con la adulación; que el que siempre nos aplaude es nuestro amigo, no el que nos dice la verdad. En nuestros países, toleramos un populismo dictatorial como si fuera democracia. Sí, estamos como el pez chico: “Quiero disfrutar en este mundo, pero mi vida no tiene sentido”.
-¡Ey!… ¡El océano es la vida!
En el evangelio de hoy aprendí… Para salir de los problemas que no nos dejan ver el futuro brillante, el secreto está en seguir caminando en la oscuridad y, como los ciegos del evangelio, desde muy adentro del océano que es nuestro espíritu dar un grito convertido en oración: “¡Hijo de David, compadécete de nosotros!”. Y que se nos abran los ojos… ¡Pa´que veamos! Y si no puedes ver… ¡grita!
Pensamiento del día… La humildad no se estudia, ni se piensa, ni se dice… ¡se tiene y se vive! La fe no está en el saber ni en el estudiar. Por eso, la teología no se debería definir como “El Tratado de Dios” sino como “El Trato con Dios”, relacionarse con Él. Y la antropología “El trato con el prójimo”, no tanto su estudio.
Tarea para la casa… Piensa en tu familia, amigos, país… En todo lo que Dios te está dando. Y, como el pez grande, siente que ya estás en el oceáno que tienes. Recuerda que ser rico es el que tiene lo que ganó en sus negocios, pero ser libre es el que se tiene a sí mismo por sus decisiones.
Padre Ricardo Bulmez. rbulmez@gmail.com
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