TRANSPARENCIA
POLÍTICA
Erwin Macario
Yo pude narrar lo acontecido
en el 68, gracias a que yo estuve
metido ahí y por eso me encontraba
en la Plaza de las Tres Culturas,
cumpliendo con mi misión
de informar. Gonzalo Martré
Desde las alturas observo la ausencia del Monumento a Cristóbal Colón, antes de salir a la Academia Nacional de Historia y Geografía a recibir el Premio México de Periodismo “Ricardo Flores Magón”, por 54 años de ejercer el mejor oficio del mundo.
En la otrora Glorieta Colón podría estar, ese viernes 2, la figura de una mujer indígena, pienso al escuchar la denodada defensa femenina de Sara Lovera, al recibir el reconocimiento gremial, también por 54 años. La sustitución no se ha hecho.
Contra la guillotina al pasado, contra quienes quieren borrar así la historia, se ha manifestado la Academia, en cuya sede se entregaron los Premios México por trayectoria y por géneros periodísticos. Los primeros, porque este año es el centenario del asesinato del mártir del periodismo Ricardo Flores Magón.
Desde Veracruz, la filial de la Academia ha pedido a las autoridades de Orizaba que reclamen el conjunto escultórico, donado a la capital del país por el empresario orizabeño Antonio Escandón y Garmendia.
En el evento del periodismo organizado, la República está representada por los periodistas premiados de cada una de las entidades federativas, y un representante del líder de la institución que en el Gobierno tiene la representatividad genuina de los estados, la Cámara de Senadores.
A ese representante del senador Ricardo Monreal, también periodista Abelardo Martín, menciono en mis palabras para intentar una metáfora que proponga evitar el clima de persecución, el discurso de odio contra la prensa.
“En el lugar de privilegio que tenemos los periodistas, mi amigo Abelardo Martín y yo vimos arder el mar en el Ixtoc. Ahora vemos el juego de las pasiones políticas que, ojalá, así como el Ixtoc, se apaguen para no ser una amenaza contra el periodismo mexicano”.
En la brevedad pedida a los recipiendarios al agradecer el premio, dedico el mío a las mujeres y hombres que han dado hasta su vida en defensa de la libertad de expresión.
Omití agradecer a los maestros que en las redacciones han hecho fructífero este camino de periodistas. Se había presentado una breve semblanza de mi paso por ellas y mi actual situación de columnista en Tabasco Hoy.
Aquí, desde el espacio importante de mi trabajo, agradezco hoy a mis padres que, sin saberlo, incubaron desde ese pequeño pueblo que fundaron, en las cercanías de Guatemala, al paso del tren, al periodista de hoy que
Entró a este mundo leyendo a la par que envolvía los productos que se vendían en la tienda familiar.
También a los principales anfitriones de este viaje a la república de la prensa, mi hermano Audelino y su esposa Juli Álvarez, desde cuyo hogar sentí la ausencia de Colón. Y a los colegas que estuvieron conmigo ahí en la Academia de Historia y Geografía, Ernesto Márquez García, Walter Meade, Luis Antonio Vidal, presidente de la asociación que en Tabasco es Fapermex y demás compañeros.
Que Gonzalo Martré haya estado entre los premiados me recuerda mi origen. Empecé a ser periodista en el movimiento estudiantil de 1968. Cuando desde la Universidad hacíamos proclamas de izquierda.
Me lleva Martré al tono socialista de sus argumentos para Fantomas, la amenaza elegante. A la salida del evento platicamos. Al igual con Pedro Sol, que hace recordar los huevos Onix, cuando el discurso de odio y encono no existía.
La historia alerta con Martré: “Yo pude narrar lo acontecido en el 68, gracias a que yo estuve metido ahí y por eso me encontraba en la Plaza de las Tres Culturas, cumpliendo con mi misión de informar. ¡Fue una matanza contra una multitud indefensa!, cayeron en su mayoría jóvenes, además de gente que no tenía que ver con la lucha”.


