•Hallazgo brutal exhibe el nivel de violencia que se vive en este destino turístico, donde la autoridad brilla por su ausencia
Por Agencias SFAS/ Tulum; Q. Roo, 20 de abril de 2026.—
El horror volvió a instalarse en Tulum. Un trabajador que se dirigía a su jornada laboral, sobre la calle Kukulkán en la zona de Aldea Zama, se topó con varias bolsas negras tiradas en la vía pública. Al abrirlas, encontró lo impensable: restos humanos desmembrados, repartidos como mensaje del crimen organizado.
Sin protocolos preventivos ni presencia real de vigilancia, el ciudadano tuvo que enfrentarse solo a la escena. Minutos después, las autoridades llegaron únicamente a acordonar y levantar lo que quedó de la víctima, repitiendo el mismo guion de siempre: reacción tardía y nula capacidad de contención.
Tulum se desangra. Ejecuciones, balaceras, cobro de piso y levantones se han convertido en parte del paisaje cotidiano, mientras grupos criminales se disputan la plaza con total impunidad, operando a plena luz del día.
Pero lo que indigna aún más es el señalamiento constante de que estas organizaciones no actúan solas. Versiones cada vez más insistentes apuntan a la protección desde el poder local, permitiendo que estas células controlen bares, antros y zonas turísticas para la distribución de drogas, sin que nadie los toque.
Hoy, Tulum no solo es rehén del crimen organizado, sino también de la complicidad y la omisión de quienes deberían garantizar la seguridad. Y mientras tanto, la violencia sigue hablando… y descuartizando.

