•La extranjera murió en el acto, mientras que varios turistas más se debaten entre la vida y la muerte tras el brutal ataque armado.
Por Agencias SFAS / Estado de México; 20 de abril de 2026.—El horror irrumpió sin previo aviso en uno de los sitios más emblemáticos del país. Lo que debía ser una jornada de historia y cultura se convirtió en escenario de sangre, cuando un solitario sicario, operando con total impunidad, desató una lluvia de balas desde la cúspide de la Pirámide de la Luna.
Sin temor alguno y con una frialdad escalofriante, el atacante abrió fuego a diestra y siniestra contra visitantes nacionales y extranjeros, ejecutando en el lugar a una turista canadiense y dejando a varios más gravemente heridos, tendidos entre el pánico y la desesperación.
Testigos, en medio del caos, lograron resguardarse y documentar en video al agresor, material que ahora será clave para su identificación. Sin embargo, las imágenes también exhiben una verdad incómoda: el criminal actuó con tiempo, libertad y absoluta ausencia de autoridad.
El atentado deja al descubierto la alarmante vulnerabilidad en la seguridad de este patrimonio histórico, donde la vigilancia brilla por su ausencia y donde un sujeto armado pudo operar sin resistencia en un sitio que recibe a miles de visitantes cada día.
Hoy, Teotihuacán no solo carga con su historia milenaria, sino con la mancha de sangre de una tragedia que pudo evitarse. La pregunta es inevitable: ¿quién responde por este fracaso criminal?


