•El “amburguesero” Sergio Anaya ejecuta la orden; callar a la prensa a punta de puños y pistola
Por Isaac Mendiola
SFAS/ Chiapas, 29 de abril del 2026.—
En Chiapas no hay matices: o te alineas o te aplastan. El periodista Carlos Gordillo eligió denunciar y el régimen municipal le respondió con violencia brutal. Un sicario armado, identificado como Sergio Anaya, alias “el amburguesero”, operó como verdugo al servicio del alcalde Agenor Domínguez.
No fue un pleito, fue una ejecución a golpes. La orden ya estaba dada. El agresor, protegido por el poder, esperó el momento preciso para lanzarse contra el comunicador y desatar una paliza despiadada, mientras lo encañonaba para dejar claro quién manda.
El resultado: Gordillo destrozado. Costilla rota, brazo fracturado y el cuerpo convertido en advertencia pública. Aquí la crítica se paga con huesos quebrados.
Desde una cama de hospital, el periodista no se dobló y lanzó la acusación que retumba: el ayuntamiento opera como célula criminal. No gobiernan, imponen. No administran, someten. Y lo hacen con violencia sistemática.
Anunció que procederá penalmente contra sus agresores, aunque enfrente una maquinaria de impunidad que protege a los suyos. Porque en este municipio, el alcalde no solo tolera la violencia: la ordena y la respalda.
La sombra del crimen organizado no es sospecha, es contexto. Y el nombre de Agenor Domínguez queda marcado en un episodio más donde el poder se usa para reventar a quien incomoda.
En Chiapas, el periodismo no se ejerce: se sobrevive. Y los enemigos de la verdad ya ni siquiera se ocultan… gobiernan.


