•Los bombarderos B-52 descargan todo su poderío sobre Irán y desatan un verdadero infierno en Teherán.
•Leviatán ha comenzado a escupir fuego; de sus fauces brotan llamaradas, centellas y destrucción. El mundo contiene el aliento mientras el Golfo Pérsico arde.
Por: Sin Fronteras Agencias SFAS / Golfo Pérsico.—
La Guardia Revolucionaria Iraní vive una de las noches más oscuras de su historia reciente. El derribo de un helicóptero Apache estadounidense habría desatado una respuesta militar de enormes proporciones por parte de Washington.
Con la caída de la noche, el rugido de los motores rompió el silencio del desierto. Los bombarderos B-52 aparecieron como espectros en el firmamento y descargaron una lluvia de fuego sobre objetivos estratégicos. Explosiones, columnas de humo y resplandores anaranjados iluminaron el horizonte mientras los sistemas de defensa intentaban responder en medio del caos pero sin éxito.
La maquinaria bélica estadounidense mostró una capacidad de reacción demoledora. En cuestión de minutos, múltiples objetivos quedaron envueltos en llamas y reducidos a escombros. No hubo margen para la duda ni espacio para la negociación. La decisión estaba tomada y el mensaje fue enviado con explosiva contundencia, los aviones de la muerte entraron y salieron como fantasmas burlando la artillería militar iraníe.
Instalaciones militares y centros considerados estratégicos fueron alcanzados durante la ofensiva quedando entre escombros y cenizas. Los ataques se intensificaron conforme avanzaba la madrugada, mientras la tensión se extendía por toda la región y crecía el temor a una escalada militar de consecuencias impredecibles.
Desde Washington, las advertencias fueron tajantes: cualquier agresión contra las fuerzas estadounidenses tendrá un costo devastador. Mientras tanto, Teherán enfrenta una de las horas más críticas de las últimas décadas, con el espectro de una guerra abierta proyectando su sombra sobre Oriente Medio.



