Después de la tormenta, llegó la calma.
Las calles de la capital tabasqueña quedaron cubiertas por el brillo de la lluvia. El aire se volvió fresco y el cielo, poco a poco, comenzó a abrirse.
Entonces apareció la Luna.
Por: Ariadna del Campo / SFAS / Villahermosa, Tabasco, México.—
Desde el Edén de México, la noche comenzó a ofrecer un espectáculo que parecía preparado especialmente para quienes levantaron la mirada.
La sombra de la Tierra avanzó lentamente sobre la superficie lunar.
Primero fue apenas un cambio. Después, una silueta cada vez más evidente.
Villahermosa miraba al cielo.
Entre nubes que todavía guardaban el recuerdo de la tormenta, la Luna comenzó su encuentro con la sombra de nuestro planeta, mientras abajo, en la ciudad, las luces seguían encendidas como pequeñas estrellas sobre la tierra.
Fue uno de esos instantes en los que la naturaleza consigue detener el ruido cotidiano.
Por unos minutos, no hubo prisa.
Solo el cielo.
Solo la Luna.
Solo la inmensidad del universo sobre Tabasco.
Y quizá esa sea una de las mayores maravillas de contemplar un eclipse: recordar que, mientras nuestras preocupaciones parecen enormes, allá arriba los astros continúan su eterno movimiento, silencioso y perfecto.
Esta noche, el cielo del Edén volvió a regalarnos una fotografía que ninguna cámara puede capturar completamente.
Porque hay imágenes que se guardan en una memoria digital…
y hay otras que se quedan para siempre en la memoria del corazón.


