Evangelio del Martes 09/02/2021, meditado por el Padre Ricardo Bulmez
Prólogo. @AlbaniCordero:🌹Comparto estas bellas palabras: “Cuando renuncies a oprimir a los demás y destierres de ti el gesto amenazador y la palabra ofensiva; cuando compartas tu pan con el hambriento y sacies la necesidad del humillado… brillará tu luz en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía”, Isaías, 58. Dios es tu aliado, te ama, te acompaña y te bendice… siempre.
Martes 09/02/2021. Martes V del Tiempo Ordinario. Ciclo B, en la Iglesia Católica. Hoy Jesús nos habla como todo un gran maestro en espiritualidad y psicología profunda. Cierto, el gran problema o reto del ser humano no es la técnica ni los logros científicos sino la vida interior o la espiritualidad. No es lo externo, es lo interno lo que mancha o salva al hombre. El asunto no es lavarse las manos antes de comer ni comer bien, sino tener un estómago sano. Las manos hay que lavárselas, pero no basta. Es más, el pecado -o la destrucción de la persona- está dentro de cada quien. Los hombres vemos las acciones, Dios ve las intenciones. Jesús insiste: “Nada que entre de fuera puede manchar al hombre; lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro; porque del corazón del hombre salen las intenciones malas”, Mateo 7, 14.
(Marcos 7, 1-13). “En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los fariseos y algunos escribas, venidos de Jerusalén. Viendo que algunos de los discípulos de Jesús comían con las manos impuras, es decir, sin habérselas lavado, los fariseos y los escribas le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos comen con manos impuras y no siguen la tradición de nuestros mayores?”. Los fariseos y los judíos, en general, no comen sin lavarse antes las manos hasta el codo, siguiendo la tradición de sus mayores; al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones, y observan muchas otras cosas por tradición, como purificar vasos, jarras y ollas.
Jesús les contestó: “¡Qué bien profetizó Isaías sobre ustedes, hipócritas, cuando escribió: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Es inútil el culto que me rinden, porque enseñan doctrinas que no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres”. Después añadió: “De veras son ustedes muy hábiles para violar el mandamiento de Dios y conservar su tradición. Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre. El que maldiga a su padre o a su madre, morirá. Pero ustedes dicen: ‘Si uno dice a su padre o a su madre: Todo aquello con que yo te podría ayudar es corbán (es decir, ofrenda para el templo), ya no puede hacer nada por su padre o por su madre’. Así anulan la Palabra de Dios con esa tradición que se han transmitido. Y hacen muchas cosas semejantes a ésta”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
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Reflexión. El Evangelio de hoy habla de las costumbres religiosas de aquel tiempo. Por ejemplo, atacaban el acto de comer sin lavarse las manos o, como ellos decían, con manos impuras. Todas las costumbres que estén desligadas de la vida o del crecimiento personal pierden todo sentido. Pero se conservan por superstición o por un falso nacionalismo… Esto se da cuando cumplimos con los ritos y normas religiosas, pero no amamos a Dios y al prójimo que es el mandamiento principal.
Existe la tentación de cambiar la espiritualidad por ritos o costumbres piadosas. El poder de la fe no está en la palabra en sí ni en sus gestos externos, sino en su interior. Como la energía de un árbol que no está en sus hojas ni en sus ramas sino en sus raíces. La vida interior nos relaciona con Dios y su Eterna Gloria, su perfecto amor y su infinita sabiduría. El valor no está en el botellón sino en su contenido que es el agua pura. La dinámica de la fe es la misma preocupación última del hombre. Si no hay humanidad no hay espiritualidad.
Si hay buena intención y una mala acción es una equivocación: “Quise levantar el espíritu de una persona con palabras de aliento y mis palabras lo hundieron”. Si hay una mala intención y una buena acción es una perversidad: “Hacer casas para los pobres es una buena acción, pero si mi intención es manipularlos para que voten por mí, es perversidad”. Si hay una mala intención y termina en una buena intención, eso es conversión o transformación interior.
Es sano revisar con qué intención alimentamos las acciones que realizamos. Por eso la santidad comienza por donde indica la Misa: “Yo confieso que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión”. Revisemos, pues, qué intenciones producen nuestras acciones y cómo son éstas.
En el evangelio de hoy aprendí… El Dios que nos trajo Jesucristo es incomprensible, no se alcanza sólo con la mente. Es un Padre que se preocupa del cielo y de la tierra. Lo encontramos en el amor al prójimo. Lo que dice Jesús: “Es inútil el culto que me rinden, porque enseñan doctrinas que no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres”.
Pensamiento del día… No hay que quedarse sólo en las buenas intenciones, eso sería un espiritualismo. Y tampoco sólo en las buenas acciones, eso sería un activismo. Si hay buena raíz, hay buen fruto.
-¿Un árbol sin raíz puede dar frutos?
-Si, Boquiabierta… si puede dar… Pero frutos de plástico. Hay buenas acciones y ritos religiosos de plástico… Sin raíz.
Tarea para la casa… Moda, costumbre y tradición… Ninguno de estos términos da paz, aunque traigan beneficios externos. En sí son como la ciencia y la técnica que traen descubrimiento y comodidad pero no amor. Es como el ave que se queda en la rama del árbol sin volar. Analiza… ¿en qué rama te has instalado tú? ¿Has pasado el puente… hacia “la otra orilla”?
@RicardoBulmez
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