EVANGELIO MEDITADO POR EL P. RICARDO BULMEZ (SACERDOTE VENEZOLANO)

EVANGELIO MEDITADO POR EL P. RICARDO BULMEZ (SACERDOTE VENEZOLANO)

@Ricardo Bulmez

Lunes 01/03/2021

Lunes de la II Semana de Cuaresma. Ciclo B/Año Impar, en la Iglesia Católica. Y tiempo de lucha y oración ante la profunda crisis de valores de nuestro planeta. Somos hijos de Dios, no del poder político ni de ninguna ideología.

Prólogo. @AlbaniCordero: 🌹La felicidad no depende de lo que tienes sino de tu actitud y de la forma de asumir e interpretar lo que sucede en tu vida. Tú eres el protagonista de tu felicidad… eso sí, no la busques alejado de Dios porque serás como paja que se lleva el viento. Dios es tu aliado, te ama, te acompaña y te bendice… siempre.

 

(Lucas 6, 36-38). “En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den y se les dará: recibirán una medida buena, bien pesada, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque con la misma medida con que midan, serán medidos”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

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Reflexión: En una oportunidad, una feligresa me hizo una pregunta que nadie me había hecho, ni siquiera en los exámenes académicos previos a la ordenación sacerdotal: “Padre, ¿por qué los curas dicen misa?”. “¿¿¡¡…!!??”. Ante una pregunta inesperada no existe contestación espontánea. Pero después de unos segundos me salió la respuesta: “Porque Cristo lo mandó”. El Espíritu Santo siempre nos susurra al oído izquierdo, al del corazón. Esto es uno de sus mandatos. “Hagan esto en recuerdo mío”… “Si me aman cumplirán mis mandamientos”, dice Jesús. Y la respuesta sería: “Hago lo que me dices porque te amo”. Los mandamientos son canales de unión cuando hay amor.

Aprendimos a cumplir mandatos desde niños. Las ordenanzas de nuestros padres son actos de amor, para nuestro beneficio: “No te subas ahí porque te puedes caer”, “Ve a bañarte… ¡Hueles a mono!”. “¿Y a qué huele un mono?”, pregunté a mi mamá. “¡A ti!”, me respondió. Nunca más volví a preguntar. También recuerdo las veces que mi profesora me mandaba a estar de pie frente al rincón. Esto se repetía… un día le dije que en vez de castigarme en el rincón, me enviara frente a la ventana del salón. Así podría ver la calle y a las muchachas que pasaban… ¡Más vale que no! No me dijo nada, pero por la forma que me miró yo solito me fui de nuevo pal‘rincón. Es como si la oyera… “¡Bulmez… contra la pared!”… Y yo iba pa´mi rincón… porque ya era mío.

Entonces… ¿Por qué tengo que ir a Misa? Es un mandato del Señor. ¿Por qué tengo que hacer el bien a los que me odian? Mandato del Señor. ¿Por qué tengo que bendecir a los que me maldicen? Mandato del Señor.

-Boquiabierta…¿Por qué tienes que amar a tus enemigos?

-Pues, obviamente, porque es un mandato del Señor.

-Sí, pero no tan obvio. Debes amar a tus enemigos, primero porque es un mandato del Señor y segundo… !Porque son tuyos! Tus enemigos son tuyos y los míos, míos.

Cuando Jesús estaba diciendo “no juzgar a los demás”, todos sus discípulos tendrían las posaderas apretadas. Pues, por algo les dijo estas cosas. Se daría cuenta de que se herían los unos a los otros, de que las relaciones humanas estaban enfermas. Y ésta era la medicina que les proponía: “No juzguen a los demás para que ustedes no sean juzgados”. Porque así como nosotros tratamos a los demás, nos tratarán a nosotros. Nos encanta juzgar. Y después de un juicio viene la condena sin misericordia, sin atenuantes, fácilmente.

En los juicios penales no se juzga cómodamente a nadie, hacen falta pruebas -¡claro!, cuando existe división de poderes. Lamentablemente no es el caso de mi país-. No basta que el individuo haya estado en el sitio del crimen para poder ser juzgado y condenado, ni que otra persona diga que ese individuo es el autor del crimen. Hacen falta muchas pruebas convincentes. Nosotros, muchas veces sin pruebas, juzgamos y condenamos al prójimo, simplemente por lo que otro ha comentado. “Fulano es un borracho”, decimos con facilidad. Porque lo vimos en el bar o ebrio un día.

 

En el Evangelio de hoy aprendí…Muchas veces juzgamos a los demás por la simple apariencia. Más que investigar, interpretamos y suponemos. Vemos que alguien se está riendo, y enseguida concluimos que se está burlando de nosotros. Juzgamos y condenamos. En más de una ocasión esos juicios se vuelven en contra de nosotros mismos. Por eso Jesucristo dice que con la medida que midamos a los demás seremos medidos. “¡Bulmez… contra la pared!”… “¡Sí, maestra!”… Es mejor estar en el rincón y no andar juzgando a los demás.

Pensamiento del día… Uno ama a un amigo, “porque se parece a mí”. Es decir, me gusta en él lo que amo en mí… el deporte, la religión, el cine. Uno odia a un enemigo, “porque se parece a mí”. Es decir, no me gusta en él lo que odio en mí. O sea… si amas, te amas. Si juzgas, te juzgas.

Tarea para la casa… Enumera tres conductas o actitudes que no te agradan de los demás. Y te preguntas, ¿esos talantes nada tienen que ver conmigo? No hables mal del prójimo, habla con él. Y si se te hace difícil… háblale a Dios de ese prójimo… reza por él.

@RicardoBulmez

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