RICARDO ALDANA HUNDE AL STPRM; FRACASA OTRA VEZ EN LA NEGOCIACIÓN SALARIAL Y CRECEN LAS DUDAS SOBRE A QUIÉN REPRESENTA

* La dirigencia petrolera volvió a pedir una prórroga de 30 días sin lograr un acuerdo con Pemex. Mientras miles de trabajadores siguen esperando un incremento salarial, aumentan los cuestionamientos sobre la falta de resultados, la opacidad en la negociación y si el líder sindical está defendiendo realmente a la base o intereses distintos a los del gremio
Por Lino Zentella/SFAS/Ciudad de México.- La revisión salarial 2026 volvió a convertirse en un duro revés para la dirigencia del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM). Al vencer el plazo legal sin alcanzar un acuerdo con Petróleos Mexicanos (Pemex), el comité encabezado por Ricardo Aldana recurrió nuevamente a una prórroga de 30 días, una decisión que para miles de trabajadores representa otro fracaso en la defensa de sus derechos laborales.
El comunicado emitido por el sindicato sostiene que no existe acuerdo ni propuesta de Pemex. Sin embargo, fuentes cercanas al proceso de negociación aseguran que la empresa sí habría puesto sobre la mesa un incremento salarial del 4 por ciento, versión que contradice la narrativa oficial del STPRM y abre nuevas interrogantes sobre la transparencia con la que se está conduciendo la revisión contractual.
La ausencia de resultados concretos, sumada al hermetismo de la dirigencia, ha provocado que la inconformidad crezca entre la base trabajadora. Después de meses de negociaciones, los petroleros desconocen qué se negoció, qué condiciones planteó la empresa, qué respondió el sindicato y por qué se decidió aplazar nuevamente una definición que impacta directamente en el ingreso de miles de familias.
La gestión de Ricardo Aldana enfrenta uno de sus momentos de mayor desgaste. Cada prórroga fortalece la percepción de un sindicato que perdió capacidad de negociación, liderazgo y autonomía frente a la empresa. Lo que en otros tiempos era una organización con peso en las mesas de negociación, hoy es visto por numerosos trabajadores como una dirigencia distante, silenciosa y sin capacidad para obtener beneficios para quienes dice representar.
Pero el cuestionamiento va más allá de la falta de resultados. Entre la base petrolera comienza a tomar fuerza una pregunta que incomoda a la dirigencia nacional: ¿está Ricardo Aldana negociando realmente para mejorar el salario de los trabajadores o está privilegiando acuerdos que benefician a otros intereses? La opacidad con la que se ha manejado este proceso alimenta las sospechas y erosiona aún más la confianza de un gremio que exige respuestas, transparencia y resultados.
Porque cuando una negociación termina en otra prórroga, sin avances ni explicaciones convincentes, la percepción es inevitable: el sindicato no solo está perdiendo poder frente a Pemex; también está perdiendo la credibilidad de los petroleros que durante décadas depositaron en él la defensa de sus derecho