INUNDACIÓN: EL AGUA HARÁ AFLORAR DE NUEVO LA CORRUPCIÓN EN TABASCO

TRANSPARENCIA

POLITICA

Erwin Macario

 

Otra vez al agua

Voces aisladas, vox clamantis

in acqua, han alertado en Tabasco

sobre el peligro de las inundaciones…

se pierden en el ruido mediático, en

la creciente… y en la ganancia de

pescadores. Erwin Macario/TP 281008

 

Una montaña de arena frente al edificio del otrora Cine Sheba, es la imagen del elefante blanco de la corrupción y la improvisación. De nuevo la costalera. Los negocios… y el miedo justificado: Villahermosa se va inundar otra vez.

Ahora, a diferencia del 2007, la Gran Inundación, el agua no rebasará la barda del malecón. Ahí en ese sitio del malecón y las calles 27 de Febrero, Madero y Martínez de Escobar —espacio de sueños de tesoros y descubrimientos históricos de algunos trasnochados— se ha debilitado el relleno pétreo con el que el gobernador don Carlos A. Madrazo protegió, a principios de los años 60s, hace más de medio siglo, esa obra que era orgullo de la capital tabasqueña.

Por ahí el agua, que tiene memoria, recobrará los espacios que el hombre le ha robado en una ciudad cuyos gobernantes no han sabido escuchar las alertas sobre el peligro de inundaciones y no sólo han debilitado la obra de Carlos Madrazo sino que no han creado las obras de ingeniería hidráulica que se han propuesto desde antes del 2007 y de las cuales los desvíos hacia la zona del aeropuerto —si bien son mejorales para el cáncer— en algo remedian la llegada de grandes avenidas contra Villahermosa, a falta de lo que hubiera sido la gran solución, propuesta por el gobernador Leandro Rovirosa Wade: el Dren Samaria-Golfo de México.

Mucha tinta he gastado a la par que las aguas vemos pasar y estancarse en nuestra ciudad. Los estudiosos pueden recurrir a las hemerotecas o a la nube cibernética para documentar lo que puede ser otra tragedia para los tabasqueños capitalinos.

El agua no lavará la corrupción de antes —de los gobiernos execrados actualmente— ni la de ahora. El contratista de la costalera —cuya arena es una montaña que exhibe también los negocios turbios— ya se frota de nuevo las manos. Es el mismo pescador a río revuelto, aunque ahora son otros sus cómplices.

El agua hará flotar de nuevo la corrupción: un boquete más grande que el que podría abrirse ahí en el cuadrángulo de la improvisación.

Quisiera, esta vez, estar equivocado.

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