Comentando la noticia

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Alfonso Carbonell Chávez

 

De que se va… ¡se va!

 

Este sugerente título, déjeme le explico, no parte o no necesariamente, de una motivación actual y ciertamente pertinente, habida cuenta de a cómo están las cosas en el estado y país. Sino que me lleva a algunos años atrás ¿qué será?, 2001 o 2 no después, cuando iniciando casi su mandato Pablo Salazar Mendiguchía, qué dicho sea de paso igual que sus antecesores y predecesores supo sembrar la semilla de “la esperanza” sobre de que ahora sí, las y los chiapanecos verían llegar sus más luminosos momentos y abandonarían sus ancestrales miserias y condiciones de marginación porque ¡ahora sí! sería un auténtico chiapaneco quien los gobernaría. Aja. Pues ya sabe cómo nos ha ido. Y bueno la historia está ahí para ser consultada. Y regreso al entuerto; de que se va, se va, fue el título de una columna que escribí y dediqué especialmente al mandatario oriundo de “Soloyó” (así se le conoció a su natal Soyaló) en esos tiempos de su mandato. Obvian explicaciones. ¡Y bueno para qué les cuento!, su capacidad discursiva amén de venir de un amplia coalición de partidos políticos nacionales y locales (excepto en el que militaba el Frente Cívico Chiapaneco) y todos contra el candidato del PRI, Sami David David, logró cautivar a las masas y muchos, bueno al menos las mayorías que lo hicieron ganar la gubernatura en el 2000, brincaron henchidos de regocijo de que por fin; El Mesías había llegado. Pregunto, ¿hay necesidad de explicar lo que vino después? ¡Uta y no aterrizo! Bueno de ahí le sobrevinieron gratos e ingratos desencuentros con quién creen; sí pillines adivinaron, con los dueños de los medios. Entiéndase bien, dueños no periodistas al menos en un inicio. Pero esa ha sido la triste historia de un ranchero comunicador enamorado de una ingrata e infiel casa editorial. Y ahí estaba Pablo con sus vaivenes alucinógenos de; ¿o hago lo que digo o pienso en mi futuro? Y he ahí, precisamente, que entró yo en esta historia y “real motiv” del entuerto.

 

Que se me ocurre dedicarle una canción disfrazada de columna para decirle; “de que se va…se va” y no era precisamente de José José, aunque suene. Ya tiempo atrás (par de meses poco más) habría escrito la columna; Pablo ¡se va!, y me refería a un rumor incluso lo comentábamos entre los “kamarradas” (dixit Pepe López Arévalo) de la prensa, versión filtrada desde el primer piso de palacio que ya se veía en una secretaría del gabinete “foxiano” y de eso mismo escribí. En cierta ocasión en la Sala de Gobernadores de lo que antes (ya no más) fue la sede del ejecutivo estatal, amablemente me increpó sobre el contenido de la columna diciéndome; ¡Carbonell…no me voy yo soy un gobernador de seis años! Y como decía mi abuela Eda; “te lo digo Chana para que lo entiendas Juana”. La emoción me provocó estupor y casi estuve a punto de las lágrimas. Sniff, sniff. Hacia mis adentros ¡perooooo muy adentros!, me seguía cuestionando en la soledad que provoca estar en la compañía de decenas de reporteros que se arremolinan torno al “Número uno” tratando de corroborar si lo dicho por el iluso columnista que se atrevió a decir que se iba, era cierto o falso. Me acuerdo como si fuera hoy, que apestado como quedé por tan imprudente comentario, solo me quedó acercarme hasta donde estaba la cafetera y tomando un par de galletas y con mí café en ristre (o no mi Arca) salí del gran salón con mi gran soledad. Pero como ya ven el espíritu chingativo del periodista y lo digo con respeto a mis jóvenes amigos del oficio, sobre todo, “más al ratito después” (breve paréntesis; alguien de buena leche me preguntó que a qué me refería con eso que acabo de escribir entrecomillado y citado en una anterior columna y le explico ahora; cierta ocasión y créanmelo que ahí escuché esta alocución por primera vez; llegué a San John Chamula –¡que qué, ahí hablan inglés y hasta francés!- y me abordaron unas niñas y niños chamulitas ofreciéndome sus productos; eran unas sus “bulseras”; les dije que estaba llegando pero que luego sí les compraría sus bulseras. Y así caminé por sus callejuelas (¡no pos sí!) impregnadas de su colorido y aromático paisaje dónde solo el “verde” no pintaba. La portentosa iglesia y sus chamanes, hacían rezos y al compás de su música de cuerdas (ahí no ay pitos…como en Chiapa) prendían velas e ingerían el sagrado “posh” acompañado con la adictiva bebida de la canasta básica indígena llamada coca cola ¡la chispa de la muerte! ¡Pero… ya paro! y  para no hacer más amplio el paréntesis concluyo; ya una vez recorrido las tres o cuatro calles de San Juan, claro no sin haber antes pagado el ingreso al templo y las fotos con las lugareñas ¿qué creen? ¡Ahí me estaban esperando los mismos infantes para decirme!; ¡aquí está tu bulsera!; tú me dijiste (ellos) que “más al ratito después” y pos ¡claro! Se las compré. Fin.)

 

Y recapitulando porque ya me perdí, me cae, retomo; de que se va, se va, fue la segunda columna que escribí con franca y llana dedicatoria al gobernador Pablo y ésa era la intención, me explico; ponderar su chamba al frente del estado que lo catapultaría a una secretaría del gobierno federal y de ahí ¡a la grande!…sí a la presidencia ¡Uf! (No sé porque siento que hoy vivo un deyabu. Je) Y así “estábanos cortando rábanos” cuándo en un evento (me recuerdo ahora) allá en la gélida San Cristóbal ex de los indios, Pablín (y no el de los plásticos) llegó a inaugurar unas instalaciones que albergarían a niños indígenas de la zona. Hasta ahí llegó don Amado Avendaño quien se había proclamado gobernador en rebeldía. En cuanto me vio don ese, es decir el góber, que se me va casi encima (te recuerdas René Delios) para increparme solicito y amable, sobre si no había entendido que él era un gobernador de seis años; no me arrugué y le dije que sí, pero que no anduviera él mismo mandando mensajes de que se va. ¡Pus éste! Solo eso me bastó, poco tiempo después me pidieron mi renuncia dónde laboraba y me pagaban que es peor. El periodismo con esos editores que tenemos (no generalizo) ¡paqué poctas! decía mi hermano Neftalí. Todo pacá y nada pallá. No da pa vivir, al menos no cómo ellos. Me queda claro. Y no es reclamo. Qué quede claro.

 

Ya de salida

 

Hoy los motivos de escribir una columna con o en tal sentido y pué qué hasta tuviera más cometido es, y se los digo  raza; que si tuviera que escribir una columna con ese mismísimo título hoy, aquí, en este momento y ahora mismo; tal tendría un destinatario al que le dijera, escuchando las voz de los sin voz e incluso de muchos que teniéndola y que por muchas y obvias razones no se atreven a decir, consideraría insisto, seriamente el tema para decirle, a quien lo quiera escuchar; que Chiapas ¡ya no aguanta más! Ya no aguanta un estado de simulación y depredación de su clase gobernante ¡carajo! Si apenas ayer comentaba con un miembro distinguido del partido de los pobres, es decir de nuestro partido no registrado pero existente y éste del sector transportista (asalariado pué), que ¡ya está hasta la madre! Que no es posible que nadie haga algo; ni los partidos de “oposición” (el entrecomillado es mío), ni los diputados federales ni los senadores. Bueno de los legisladores locales pus ¡ya ni hablamos! (por falta de tiempo je). Y ahí estamos con eso de, parafraseando la canción de José Alfredo: ¡porqué estás que te vas y te vas y te vas y te vas…y no te has ido!… y yo estoy esperando tú… ¡y te vas y te vas y a haber qué hora te vas! ¡Ajajay!..// Ya habrá oportunidad de escuchar ésta y otras vernáculas canciones ahora en octubre ¡mes de la charrería en Chiapas!…// ¡Síganle cabroncitos, síganlesun! ¿O no mayestros y mayestras?…// ¡Les quede claro! Salu2.